Ya me cargó el payaso

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Nunca olvidaré mis primeros días en CrossFit. Me hubiese encantado ser como la mayoría de las personas que inician emocionadas y dispuestas a compartir sus historias de éxito y satisfacción por medio de redes sociales. Sin embargo mi historia se asemeja más a una historia de terror.

La mía comenzó bastante normal. Llegue a mi clase de prueba en un Box cercano a mi lugar de residencia, de hecho decidí caminar hasta el lugar debido a su cercanía, habré caminado unos 15 minutos a un paso tranquilo bajo los rayos del sol de una tarde de verano. Cuando llegue me recibieron como me habían comentado mis amigos que ya entrenaban desde hace algunos meses ahí: con los brazos abiertos y dispuestos a enseñarme el estilo de vida.

De inmediato el coach se presentó conmigo, me comentó que la clase de prueba era bastante sencilla y fácil, que si me sentía mal durante el entrenamiento podía parar en cualquier momento, y pensé -¿sencilla? qué aburrido- hace un par de años me había dedicado en cuerpo y alma a participar en triatlones a un buen nivel. De hecho uno de mis mas grandes logros había sido terminar en un excelente tiempo medio Iron Man, por lo que me pareció absurdo parar en algún punto dentro de una sesión de ejercicio que no duraría mas de 1 hora. Yo había llegado al CrossFit en busca de lo que tanto me habían hablado, yo deseaba recuperar mi condición lo antes posible, lo que necesitaba era ¡INTENSIDAD!

La sesión inicio con un poco de movilidad, para posteriormente comenzar con un calentamiento bastante fácil. Ya entrado en calor y preparado, el coach me explicó en que consistiría el WOD: 3 Rounds de correr 200m, 10 push ups, 10 squats, 10 jumping pull ups y 10 sit ups. Después de explicarme la técnica y parámetros de cada ejercicio pensé: ¡Esto va a estar muy fácil!

Comencé con un buen ritmo la corrida -vaya era mi especialidad-, dejé a todos mis demás compañeros de clase de prueba atrás, y aunque era un tanto fuerte el calor bajo los rayos del sol de la tarde, sentí que podía mantener un buen ritmo. Al llegar de los primeros 200 metros comencé los movimientos gimnásticos. Me costaban un poco de trabajo las push ups y las pull ups, sin embargo las sentadillas las sentía como agua y aunque me corrigieron un poco la forma de hacerlas, durante todo el WOD mantuve un excelente ritmo, de hecho termine en menor tiempo que todos los demás. De inmediato el coach me pregunto como me sentía y le comente que excelente, sólo un poco cansados los brazos, fuera de eso no estaba del todo cansado. Al final realizamos un estiramiento y terminé por inscribirme de inmediato, deseoso de poder comenzar el programa de introducción lo antes posible.

De regreso a mi casa, me sentía alegre y satisfecho, de hecho tenia tanta vitalidad en ese momento que no dude ni dos segundos en sacar mi bicicleta y pedalear 30 minutos mas por la colonia, hace tiempo que no me daba el tiempo de disfrutar lo que hace algunos años en verdad gozaba y eso era hacer ejercicio.

Terminé de andar en bicicleta, tome una ducha tibia y prepare la cena. Trabaje en la computadora un rato y un ligero dolor de cabeza me hizo desistir, por lo que me fui a dormir. No recuerdo la hora exacta, pero fue en la madrugada que desperté cubierto en sudor y con bastantes ganas de vomitar, corrí al baño y expulse la cena parcialmente digerida, de inmediato regresé a la cama y asocié el malestar con la probabilidad de un pedazo de pollo descompuesto. Después de vomitar me sentí mejor y trate de dormir de nuevo.

A las pocas horas volví a levantarme, ahora con escalofríos y mas nauseas, corrí al baño y vomité una vez más. Después de hacerlo por segunda ocasión y ya más tranquilo, senti un fuerte dolor en mis brazos por lo que me mire en el espejo y note que estaban sumamente inflamados, de hecho los codos habían desaparecido en la inflamación, nunca los había visto así, ni siquiera en una ocasión que me caí de la bicicleta y termine con un codo sumamente hinchado por el golpe. Sin embargo esa no era mi preocupación principal, tenia una terrible sensación de cansancio, malestar y fiebre, no paraba de temblar, saque de inmediato un termómetro y me tome la temperatura ¡38 grados centígrados! -Definitivamente me había intoxicado- pensé, de inmediato tome un paracetamol para bajar la fiebre. Pero algo no me cuadraba, ¿por que tenia los brazos así de hinchados?

Recuerdo que tirado en la cama temblando y pensando que podría estar sucediendo conmigo, tuve la necesidad de orinar, por lo que con mucha precaución me fui tambaleando al baño, de hecho me estaba costando una considerable cantidad de trabajo utilizar mis brazos para poder bajar el pantalón, cuando finalmente pude comenzar a orinar note con terror que el color de mi orina era de color muy obscuro, casi como cafe, en ese momento fue cuando pensé: ¡YA ME CARGÓ EL PAYASO!

Con un enorme miedo, fui de inmediato donde estaba mi celular y marque al servicio de emergencia, le comente mi caso al operador y me comentó que de inmediato mandaría una ambulancia por mi. La ambulancia tardo no más de 10 minutos en llegar. Los paramédicos me subieron rápidamente y trataron de ponerme suero, sin embargo los detuvo lo inflamado que tenia los brazos, por lo que decidieron esperar hasta llegar al hospital.

Al llegar al hospital me recibió el medico de guardia en urgencias, checo mis signos vitales, me pregunto que había pasado y después de contarle la historia, le pidió a la enfermera que me canalizara en cualquier vena del pie. Me sacaron sangre para realizar estudios, posteriormente empezaron a introducirme líquidos y medicamentos, el medico se acercó y me pidió que estuviera tranquilo. Inmediatamente pensé: ¿Tranquilo? Estoy orinando cafe, tengo los brazos como Popeye y ¿quiere que este tranquilo? terminó por decirme que teníamos que esperar al especialista en riñones.

Después de un rato ya me sentía mejor, y llego el especialista con varias hojas en sus manos, me comentó que mi enzima creatina fosfoquinasa estaba sumamente elevada y que el diagnostico presuntivo era que estaba sufriendo un caso de rhabdomiolisis. Me explicó que probablemente el re iniciar de forma tan agresiva una actividad física, junto a una deshidratación por el calor, había causado una destrucción considerable de células musculares, liberando a la circulación mioglobina (proteína muscular) la cual empezó a tapar y dañar mis riñones.

También me comento que era común en atletas que practican diferentes tipos de disciplinas, los cuales regresan a entrenar después de un periodo largo de inactividad, y que era una condición pasajera gracias a que acudí de forma rápida a ser atendido, que mis riñones se recuperarían después de algunos días y que solo tendría que estar en el hospital un día en observación, por lo que me tranquilicé bastante.

Dure un día completo en el hospital, y para mi sorpresa recibí la visita inesperada de amigos y alumnos del box, habían escuchado de mi historia y se habían puesto de acuerdo para llevarme un globo y unas galletas paleo. Su visita fue bastante reconfortante, percibí la sensación de ser parte de algo mas que un club deportivo, ya era parte de algo mas grande: de una comunidad.

Finalmente después de 1 mes, el médico me dió de alta y me permitió volver a practicar ejercicio. De inmediato regresé al CrossFit. Nunca he sido alguien que se rinda fácilmente, y definitivamente quería regresar y darle una paliza al payaso, obviamente con más calma y de forma más progresiva.

Nota del autor: Esta historia es una adaptación de un caso real, y siempre a hay que considerar que cualquier persona que realiza ejercicio esta expuesta a padecer esta enfermedad. Hay que recalcar que no es exclusiva del CrossFit y se recomienda que si alguno de nuestros lectores llegará a presentar alguno de los síntomas descritos en el artículo, asista de inmediato a un centro de atención o con algún médico. Un tratamiento oportuno reduce el riesgo de padecer secuelas.

Esperamos que este artículo ayude a educar a la comunidad sobre esta condición y a cómo reconocerla a tiempo.